La actividad física es recomendable para personas con Síndrome de Sly MPS VII, siempre bajo una supervisión médica estricta y adaptada a las limitaciones musculoesqueléticas y cardiorrespiratorias de cada paciente. El objetivo principal no es el rendimiento deportivo, sino mejorar la movilidad articular, prevenir contracturas y favorecer el bienestar emocional mediante ejercicios de bajo impacto y supervisados por especialistas.
El Síndrome de Sly MPS VII es una enfermedad metabólica progresiva que afecta el tejido conectivo y esquelético. Debido a la acumulación de glucosaminoglicanos, los pacientes suelen presentar rigidez articular, inestabilidad en la columna cervical y compromiso cardiopulmonar. Por ello, cualquier actividad física debe evitar ejercicios de alto impacto o contacto físico que puedan comprometer la integridad de las vértebras o las articulaciones ya debilitadas por el Síndrome de Sly MPS VII.
El enfoque debe ser la terapia física funcional y el movimiento asistido. Las actividades ideales para quienes viven con Síndrome de Sly MPS VII incluyen:
Antes de comenzar, es obligatorio realizar una evaluación cardiológica y ortopédica completa. Los especialistas deben descartar inestabilidad atlanto-axial, una complicación grave frecuente en pacientes con Síndrome de Sly MPS VII que contraindica ejercicios que impliquen flexión o carga excesiva en el cuello. La frecuencia debe ser gradual, comenzando con sesiones cortas de 15 a 20 minutos, dos o tres veces por semana, ajustando siempre según la fatiga y la tolerancia del paciente.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre con su equipo clínico antes de implementar cambios en la rutina de un paciente con Síndrome de Sly MPS VII.