El síndrome de West es una encefalopatía epiléptica grave de la infancia que se caracteriza por la tríada clínica de espasmos infantiles, retraso en el desarrollo psicomotor y un patrón electroencefalográfico específico llamado hipsarritmia. Estos síntomas suelen manifestarse típicamente entre los 3 y los 8 meses de edad, requiriendo una intervención médica inmediata para intentar preservar la función cognitiva del menor.
El síntoma cardinal del síndrome de West son los espasmos infantiles, que consisten en contracciones musculares breves y repentinas. Estos episodios suelen afectar los músculos del cuello, tronco y extremidades, provocando una flexión o extensión brusca ("en navaja"). Es frecuente que estos espasmos ocurran en racimos, especialmente al despertar o al quedarse dormido, y pueden confundirse erróneamente con cólicos o reflujo gastroesofágico.
Además de la actividad convulsiva, el síndrome de West provoca una regresión o estancamiento significativo en las habilidades del niño. Los padres suelen notar que el bebé deja de sonreír, pierde el contacto visual o deja de alcanzar hitos motores que ya había logrado. El diagnóstico temprano es vital, ya que el control rápido de los espasmos mediante el tratamiento adecuado puede mejorar el pronóstico neurocognitivo a largo plazo.
El diagnóstico clínico del síndrome de West se confirma mediante un electroencefalograma (EEG) que revela el patrón de "hipsarritmia", caracterizado por ondas lentas de alto voltaje y espigas caóticas. Las causas del síndrome de West son diversas y pueden clasificarse en:
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional; siempre consulte con su equipo de especialistas ante cualquier síntoma o duda sobre el síndrome de West.