El Tumor de Wilms, o nefroblastoma, se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen como la ecografía abdominal, seguida de una tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) para evaluar la extensión del tumor. La confirmación definitiva suele obtenerse tras la resección quirúrgica, donde el análisis histopatológico del tejido permite determinar el tipo celular y el estadio del Tumor de Wilms.
El diagnóstico del Tumor de Wilms comienza habitualmente tras la detección de una masa abdominal palpable por parte de los padres o pediatras. Una vez sospechado, el equipo médico utiliza una serie de pruebas para confirmar la presencia del Tumor de Wilms y descartar otras masas renales:
En el caso del Tumor de Wilms, generalmente no se recomienda realizar una biopsia previa. Debido a que el riesgo de diseminación de células tumorales en la cavidad abdominal durante la punción es alto, los protocolos actuales prefieren la nefrectomía (extirpación del riñón afectado) como procedimiento diagnóstico y terapéutico simultáneo.
Aunque la mayoría de los casos de Tumor de Wilms son esporádicos, en un pequeño porcentaje de pacientes se asocia a síndromes genéticos (como el síndrome de WAGR o el síndrome de Denys-Drash). El asesoramiento genético es vital si existen anomalías congénitas asociadas o antecedentes familiares.
Aviso médico: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional, el diagnóstico o el tratamiento de un especialista.