La alimentación selectiva ARFID (trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos) no tiene una causa única, sino que surge de una interacción compleja entre factores biológicos, psicológicos y ambientales. A diferencia de otros trastornos alimentarios, la alimentación selectiva ARFID no está motivada por la insatisfacción con la imagen corporal, sino por una extrema sensibilidad sensorial, experiencias traumáticas previas o un desinterés genuino por comer.
La investigación sugiere que las personas con alimentación selectiva ARFID a menudo presentan una hipersensibilidad sensorial innata. Esto significa que texturas, olores o sabores que para otros son neutros, pueden resultar físicamente abrumadores o provocar náuseas intensas en quienes padecen este trastorno. Además, existe una correlación frecuente con condiciones del neurodesarrollo, como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) o el TDAH, que pueden predisponer a una mayor rigidez alimentaria.
Muchas personas desarrollan alimentación selectiva ARFID tras eventos específicos que generan miedo a la ingesta. Entre los desencadenantes más comunes se encuentran:
La alimentación selectiva ARFID también puede verse exacerbada por un entorno familiar ansioso o presiones sociales durante la infancia. En nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, donde ya contamos con 25 personas compartiendo sus experiencias, hemos observado que la ansiedad anticipatoria ante nuevas comidas crea un ciclo de evitación que refuerza el trastorno con el tiempo.
Aunque no se ha identificado un gen específico, los estudios muestran una mayor incidencia de alimentación selectiva ARFID en familias con historial de trastornos de ansiedad, lo que sugiere una posible vulnerabilidad genética compartida hacia la regulación emocional y la respuesta al estrés.
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre con un especialista para un diagnóstico y plan de tratamiento personalizado.