La dispraxia, también conocida como trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), no es una enfermedad contagiosa bajo ninguna circunstancia. Es una condición neurobiológica crónica que afecta la planificación y ejecución de los movimientos, no es causada por virus, bacterias o agentes infecciosos.
La dispraxia tiene un origen neurobiológico complejo. Los investigadores sugieren que se debe a una diferencia en la forma en que el cerebro procesa la información sensorial y envía señales a los músculos. No existe un factor externo que pueda "contagiar" a otra persona, ya que la dispraxia es una condición con la que el individuo nace, relacionada con el desarrollo madurativo del sistema nervioso central.
Aunque no es contagiosa, existe una fuerte evidencia de que la dispraxia tiene un componente genético. Los estudios indican que es común observar antecedentes familiares de dificultades motoras o de aprendizaje en personas diagnosticadas. No sigue un patrón de herencia mendeliana simple, sino que se considera un rasgo poligénico, lo que significa que múltiples genes interactúan con factores ambientales durante el desarrollo prenatal.
La dispraxia afecta la coordinación motora fina y gruesa. Los 44 miembros de nuestra comunidad en DiseaseMaps.org que viven con esta condición reportan desafíos variados, entre los cuales destacan:
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