Sí, es altamente recomendable que las personas con dispraxia realicen ejercicio físico, ya que ayuda a mejorar la coordinación motora, el equilibrio y la autoconfianza. La clave es elegir actividades que se enfoquen en el control corporal y la propiocepción, evitando entornos de alta presión competitiva que puedan frustrar al paciente.
La dispraxia, también conocida como trastorno del desarrollo de la coordinación, afecta la planificación y ejecución de movimientos precisos. El ejercicio estructurado ayuda a fortalecer el tono muscular y mejora la integración sensorial. Para los 44 miembros de nuestra comunidad de DiseaseMaps con dispraxia, el deporte ha sido una herramienta clave para mejorar la autonomía diaria y reducir la ansiedad asociada a los desafíos motores.
Se recomiendan actividades que permitan un ritmo personalizado y que no dependan exclusivamente de la coordinación ojo-mano rápida o el trabajo en equipo complejo. Entre las mejores opciones se encuentran:
La intensidad debe ser moderada, priorizando la calidad del movimiento sobre la velocidad. Se sugiere una frecuencia de 2 a 3 veces por semana, con sesiones de 30 a 45 minutos. Es fundamental evitar el agotamiento físico excesivo, ya que la fatiga suele exacerbar las dificultades motoras propias de la dispraxia.
Es vital hablar con los instructores sobre la dispraxia para que realicen adaptaciones, como usar ayudas visuales, permitir más tiempo para aprender nuevas rutinas y fomentar un ambiente libre de juicios donde el error sea visto como parte del aprendizaje motor.
Descargo de responsabilidad: Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.