No existe una dieta específica que cure o revierta el Síndrome de Marfan, pero una alimentación equilibrada es fundamental para reducir la carga sobre el sistema cardiovascular y proteger la integridad de los tejidos conectivos afectados.
La prioridad absoluta para cualquier paciente con Síndrome de Marfan es la salud de su aorta. Dado que la dilatación aórtica es el riesgo más grave, se recomienda una dieta que ayude a mantener la presión arterial bajo control. Esto implica limitar estrictamente el consumo de sodio, ya que el exceso de sal puede aumentar la presión arterial y, por ende, el estrés mecánico sobre las paredes aórticas debilitadas. Priorizar alimentos ricos en potasio, magnesio y fibra, como frutas, verduras y granos enteros, puede ser beneficioso para la salud vascular general de quienes viven con el Síndrome de Marfan.
Muchas personas diagnosticadas con Síndrome de Marfan presentan una constitución física muy delgada con un metabolismo basal a menudo acelerado. Es importante asegurar una ingesta calórica adecuada que mantenga un peso saludable, evitando el sobrepeso, que ejercería una presión innecesaria sobre el sistema esquelético ya afectado por la escoliosis y la laxitud articular. Aunque no hay evidencia de que suplementos específicos curen la debilidad del tejido conectivo, mantener niveles óptimos de vitamina D y calcio bajo supervisión médica es recomendable para apoyar la salud ósea, especialmente considerando las deformidades torácicas comunes en esta condición.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre a su equipo multidisciplinario antes de realizar cambios drásticos en su alimentación, especialmente si está bajo tratamiento con betabloqueantes o bloqueadores de los receptores de angiotensina.