Sí, el ejercicio físico es altamente recomendable para personas con Desorden del Procesamiento Sensorial (DPS), ya que ayuda a organizar el sistema nervioso y mejorar la regulación emocional. La clave es adaptar la actividad a las necesidades sensoriales individuales, priorizando ejercicios de tipo propioceptivo y vestibular que ayudan a estabilizar la respuesta del cerebro ante los estímulos ambientales.
Para quienes viven con Desorden del Procesamiento Sensorial, el mundo puede sentirse abrumador. La actividad física estructurada actúa como una herramienta de "dieta sensorial". El movimiento ayuda a los 18 miembros de nuestra comunidad de DiseaseMaps.org que reportan vivir con Desorden del Procesamiento Sensorial a reducir la ansiedad, mejorar la coordinación motora y aumentar la tolerancia a texturas o sonidos que normalmente desencadenarían una sobrecarga sensorial.
Se recomienda elegir deportes que proporcionen información propioceptiva (presión profunda) y vestibular (equilibrio y movimiento). Actividades que exigen "trabajo pesado" suelen ser las más reguladoras para el Desorden del Procesamiento Sensorial. Algunas opciones recomendadas incluyen:
La intensidad debe ser siempre gradual para evitar la sobreestimulación. En pacientes con Desorden del Procesamiento Sensorial, es preferible sesiones cortas de 20 a 30 minutos, 3 a 4 veces por semana, en lugar de esfuerzos prolongados que agoten el sistema nervioso. La clave es observar si la actividad produce una "regulación" (el paciente se siente más tranquilo y enfocado) o una "desregulación" (irritabilidad o fatiga excesiva).
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