El Desorden del Procesamiento Sensorial (DPS) tiene sus raíces en la década de 1970, cuando la Dra. A. Jean Ayres identificó por primera vez que el cerebro de algunos niños no organizaba correctamente la información sensorial. Aunque no está clasificado como un diagnóstico independiente en el DSM-5, el Desorden del Procesamiento Sensorial es reconocido hoy como una disfunción neurológica donde el sistema nervioso tiene dificultades para responder adecuadamente a los estímulos del entorno.
La historia del Desorden del Procesamiento Sensorial comenzó con la terapia de integración sensorial desarrollada por la Dra. Ayres. Ella observó que, a diferencia de otros trastornos, el Desorden del Procesamiento Sensorial afectaba la capacidad del individuo para procesar inputs como el tacto, el sonido o el movimiento, lo que causaba respuestas desproporcionadas. A lo largo de las décadas, la investigación ha evolucionado para entender cómo estas diferencias neurológicas impactan la vida diaria.
El estudio del Desorden del Procesamiento Sensorial ha pasado por varias etapas críticas para mejorar su validación científica:
A pesar de que el Desorden del Procesamiento Sensorial afecta significativamente la calidad de vida, su historia clínica ha sido compleja debido a su frecuente solapamiento con el autismo y el TDAH. La comunidad médica continúa debatiendo los criterios diagnósticos, pero la experiencia de los pacientes subraya que la hipersensibilidad o hiporreactividad sensorial es una realidad neurobiológica tangible que requiere atención especializada y validación profesional.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico profesional; siempre consulte a su especialista de salud.