La prevalencia exacta del Desorden del Procesamiento Sensorial (DPS) es difícil de determinar debido a la falta de un consenso diagnóstico unificado en los manuales internacionales como el DSM-5. Sin embargo, estudios clínicos sugieren que el Desorden del Procesamiento Sensorial afecta aproximadamente entre el 5% y el 16% de la población infantil en edad escolar, manifestándose como una dificultad significativa para organizar e interpretar la información recibida a través de los sentidos.
La variabilidad en las cifras sobre el Desorden del Procesamiento Sensorial responde a la superposición sintomática con otras condiciones del neurodesarrollo. Muchos individuos que presentan síntomas de DPS también tienen diagnósticos de Trastorno del Espectro Autista (TEA) o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), lo que complica el conteo estadístico independiente. En nuestra plataforma, DiseaseMaps.org, contamos con 18 miembros registrados con Desorden del Procesamiento Sensorial, quienes comparten experiencias sobre cómo la hipersensibilidad o hiporreactividad sensorial impacta su vida diaria.
El diagnóstico del Desorden del Procesamiento Sensorial no se basa en un biomarcador biológico, sino en la evaluación clínica exhaustiva realizada por terapeutas ocupacionales certificados. Los profesionales suelen observar los siguientes indicadores clave:
Vivir con Desorden del Procesamiento Sensorial implica un esfuerzo cognitivo constante para filtrar el entorno. Los retos incluyen la fatiga sensorial, la ansiedad ante cambios inesperados y la dificultad para participar en entornos sociales ruidosos. La intervención temprana es fundamental para desarrollar estrategias de afrontamiento que mejoren la calidad de vida.
Aviso médico: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento médico profesional; consulte siempre con un especialista de la salud.